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sábado, 3 de diciembre de 2016

EXHORTADOS A TRABAJAR.

Juan 6:27 - Las figuras de dicción se usan para embellecer el lenguaje, como para enfatizar correctamente determinada idea en un discurso. Existen muchas, pero muchas figuras de dicción que a diario usamos, y muchas otras que nunca hemos usados por ignorarlas. En el texto que nos ocupa, encontramos una de ellas, la cual es conocida como “elipsis”. Según la RAE, “Figura de construcción, que consiste en omitir en la oración una o más palabras, necesarias para la recta construcción gramatical, pero no para que resulte claro el sentido”. Esta figura es común en nuestro lenguaje, como en el lenguaje de los hebreos, siendo parte de los llamados “hebraísmos”, es decir, “modismos hebreos”. Cristo no está diciendo que no debemos trabar por la comida que perece, más bien, está enfatizando que debemos trabajar por ambas cosas. En otras palabras, Cristo nos exhorta a...

TRABAJAD… POR LA COMIDA QUE PERECE.
¿Qué es el trabajo? ¿Qué es la comida? El “trabajo” es la “actividad dirigida a utilizar las cosas naturales o a modificar el ambiente con el fin de satisfacer las necesidades humanas” (Diccionario de Filosofía). Luego, la “comida” representa todo aquello que el hombre necesita para su vida terrenal, para mantener la vida física. ¿Qué es lo que el hombre “necesita” para su vida terrenal? Dos cosas. Sustento y abrigo (1 Timoteo 6:8). Sustento, es decir, “comida” (Gr: diatrophas - sustancia). Abrigo, del griego: “skepasmata”, sustantivo que hace referencia a un “tejado”, a una “cubierta”, y de ahí a un “abrigo” o “ropa”. La traducción Torres Amat dice, “Teniendo, pues, qué comer, y con qué cubrirnos, contentémonos con esto”.

Muchos creen que el trabajo es una maldición que Dios dio al hombre por haber pecado. No es así. El trabajo fue dado al hombre antes de su caída (Génesis 2:15). El trabajo no es una maldición, sino algo bueno que proviene de Dios (Eclesiastés 2:24; Eclesiastés 3:12-13, Eclesiastés 3:22; Eclesiastés 5:18-20; Salmo 128:1-2). El “trabajo”, como dije, es la “actividad dirigida a… satisfacer las necesidades humanas”, luego, el trabajo es una “necesidad”. Adán tuvo que “trabajar” en el paraíso. Pablo dijo a los hermanos en Tesalónica, que habían recibido ejemplo de él, para que trabajasen y ganaran su propio pan (2 Tesalonicenses 3:7-12). El trabajo es necesario para poder hacer buenas obras (Hechos 20:34-35). Cuando usted esté trabajando, enfóquese en el fin de esa faena. ¡Y lo gozará! (Efesios 4:28)

TRABAJAD… TAMBIÉN POR LA QUE A VIDA ETERNA PERMANECE.
Esta es la idea del hebraísmo. Cristo no está diciendo que no debemos trabajar, pues, como hemos leído en la Biblia, el trabajo es un don de Dios, y de hecho, necesario para subsistir y hacer buenas obras. El problema con el trabajo terrenal existe cuando no tenemos a Dios y resulta sin provecho. Es vanidad y aflicción de espíritu (Eclesiastés 1:3; Eclesiastés 1:14; Eclesiastés 2:11, Eclesiastés 2:18-23; Eclesiastés 4:7-8; Eclesiastés 5:15-16).  También cuando ocupamos nuestra vida solamente en el trabajo. Dios mandó a los judíos a dejar de trabajar, por lo menos un día a la semana (Éxodo 20:8-11; Éxodo 34:21). El “descanso”, según Dios, es de más valor que el puro trabajar y trabajar (Eclesiastés 4:6).  El problema del trabajo secular existe cuando dejamos a Dios en segundo lugar (Mateo 6:31-34). La palabra “primeramente”, es traducción del adjetivo griego “protos”, el cual indica lo que es “primero”, dentro de la enumeración de varios (cfr. 1 Corintios 12:28). Cuando no atendemos a esta exhortación, no nos sorprenda sufrir el efecto contrario de aquello que queremos lograr (Hageo 1:4-11).

Cristo quiere que usted trabaje, pero también quiere que trabaje por lo que a vida eterna permanece. El trabajo terrenal tiene un objetivo, “el sustento y el abrigo”. El trabajo espiritual tiene un objetivo espiritual, es decir, “lo que a vida eterna permanece”. Luego, Cristo habla de un “ejercicio” o una “actividad” espiritual. El trabajo espiritual, es “lo mejor” en que podemos estar ocupados (cfr. Lucas 10:38-42).

Para los creyentes:
1. Cristo no prohíbe el trabajo terrenal, pero quiere que hagamos también trabajo espiritual.
2. Cristo no prohíbe el trabajo terrenal, pero no quiere que dejemos el espiritual en segundo lugar.

Para los que no son cristianos:
1. El trabajo terrenal es una necesidad, con todo lo que ello implica, como la educación. Pero sin Dios, es vanidad y aflicción de espíritu. 
2. Venga a las filas del Señor, y sea su obrero, es el oficio mejor pagado, justo y con excelentes beneficios para la eternidad (1 Corintios 15:58).

jueves, 1 de diciembre de 2016

Lo que nos falta en el evangelismo personal.

Existen muchos y variados métodos de evangelismo personal. Algunos de ellos son costosos y otros requieren de mucho esfuerzo y dedicación. No obstante, en la Biblia encontramos acciones que, de ser llevadas a cabo, bien pueden garantizar la obra de evangelismo con resultados muy positivos. Como verán, serán acciones sencillas que, no tienen grandes costos económicos, y que bien pueden llevarse a cabo a cualquier hora del día, y en cualquier lugar.

LA INVITACIÓN Y LA PERSUASIÓN.
Como lo hizo Cornelio, aquel hombre de Cesarea, centurión de la compañía llama la Italiana (Hechos 10:1). Este hombre estaba muy interesado en hacer la obra de Dios, de tal manera que era muy piadoso. Dios se manifestó a él, y le indicó que invitase al apóstol Pedro a su casa, para que de él aprendiera cómo hacer la voluntad de Dios. Una vez que Cornelio llevó a cabo todos los preparativos para que Pedro viniese a su casa a predicar el evangelio, nótese lo que hizo en el verso 24: “Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos”. ¿El resultado? Cornelio, con su familia, recibieron arrepentimiento para vida, pues todos fueron bautizados.

Cornelio tenía en muy alta estima su relación con Dios. Nosotros debemos tener en muy alta estima el evangelio. Cornelio hizo los arreglos necesarios para que la Palabra de Dios estuviese disponible. Nosotros debemos hacer tales arreglos, para que el evangelio esté disponible en nuestros hogares. Cornelio “convocó a parientes y amigos”. No se limitó a contar sobre su interés. No se limitó a pedir la opinión de los demás. Los “convocó”. Tuvo día y hora para que sus “parientes” y “amigos” estuviesen en su casa para escuchar la Palabra de Dios. ¿Puede usted “convocar” a sus “familiares” y “amigos” para los domingos a las 10 de la mañana? ¿Puede usted convocar a sus amigos y familiares, algún otro día, para que escuchen la Palabra de Dios? Esto nos hace falta: Interés, arreglos y convocatoria.  Usted como individuo puede organizar una comida en su casa, invitando a un hermano a presentar el evangelio a los invitados.

Otro ejemplo es Andrés, al llevar a Pedro con Jesús (Juan 1:40-42: “Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas”. Andrés despierta el interés de Pedro: “Hemos hallado al Mesías”. Usted necesita despertar el interés de sus “familiares” y “amigos” por las cosas de Dios. Hay miles y miles de maneras en que usted puede despertar el interés de ellos. Andrés, habiendo despertado su interés, “le trajo a Jesús”. Usted, una vez que ha logrado despertar el interés de sus familiares y amigos por Cristo, debe “traerlos” a que escuchen su palabra. Ellos necesitan ser acompañados, guiados o asesorados para que tengan la confianza de venir y escuchar el evangelio. Quizá muchos de ellos necesitan ayuda para llegar. Tal vez son muy ancianos, o tal vez tienen alguna discapacidad. O tal vez viven lejos y se les dificulta llegar. ¿Puede usted traerlos, guiarlos y asesorarlos? Esto nos falta: Producir interés por Cristo, y “traerlos” literalmente a que escuchen su Palabra.

USAR EL EJEMPLO DE JESÚS PARA PERSUADIR A LAS PERSONAS, A TODAS LAS PERSONAS.
Tenemos el ejemplo de Jesús, cuando habló con la mujer samaritana (Juan 4:6 y siguientes) Jesús inició a dialogar con la mujer, en un momento que no era oportuno. Era la hora sexta, como las seis de la tarde. No era un horario oportuno. Él estaba “cansado del camino”, cualquier pudiera pensar que lo pudo haber hecho luego, que no era el tiempo oportuno. La mujer que se acerca al pozo, según el verso 7, es “samaritana”, ¿y sabe qué? Dice el verso 9, que “judíos y samaritanos no se tratan entre sí”. Cualquiera de nosotros, si fuéramos judíos, ni la hubiésemos saludado, ¿verdad? En nuestro mundo, en el que hay “clases sociales”, existen personas a las que ninguno que se diga ser decente, les dirige la palabra. Uno pudiera pensar que no era la persona adecuada. Y otra cosa más, dice el verso 7, que ella “Vino… a sacar agua”.  Era tarde, ella necesita llevar esta agua a casa para seguir con sus faenas. Definitivamente, acerquémonos a Jesús y disimuladamente digámosle, Señor, creo que no es oportuno, ni la hora correcta, ni la persona adecuada para que le compartas de tu palabra. ¿No suena insensata tal declaración? 

Esto nos falta: Compartir el evangelio a “toda hora”, nunca es muy temprano, ni muy tarde para hablar de Cristo e invitar a las personas a escuchar su palabra. Compartir el evangelio en “todo momento”, aún en nuestra hora de descanso, o mientras estamos en el hospital siendo atendidos, o mientras pedimos agua para beber. Compartir el evangelio a toda persona, aun a los que son de poca estima, o despreciados por la sociedad. Compartir el evangelio sin importar las circunstancias, aún mientras trabajamos, o estudiamos, o nos divertimos, o comemos, o en pocas palabras, aun cuando nosotros o las personas estemos ocupados.

¿Qué les diremos? ¡La verdad! Jesús convenció a la mujer samaritana sobre su necesidad de Dios. Esto nos falta – Convencer, con las Escrituras, que nuestro familiar, o nuestro amigo, tienen necesidad de Dios. Convencer que es cuestión de vida o muerte.

¿Qué nos está faltando en el evangelismo personal? Convocar, invitar y traer a las personas para que escuchen de Dios. Compartir la Palabra de Dios a toda hora, en todo momento, en todo lugar, y con toda persona: Comencemos con nuestros familiares y amigos. Comencemos ahora mismo.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Y conoceréis la verdad (5)

¿Desea usted conocer la verdad? Cristo nos dice que es posible conocer la verdad. Él dijo, "y conoceréis la verdad" (Juan 8:32). Nos dice cómo hacerlo y qué grande beneficio resulta al hacerlo. Dice que seremos libres. Esta libertad, desde luego, resulta no solo en la salvación de nuestras almas, sino también con respecto a todo error religioso. Sin embargo, hay obstáculos que pueden llegar a desanimarnos para no conocer la verdad. De hecho, cuando los consideramos, representan “muy buenas razones” para evitar conocer la verdad.

1. Tal vez no sea popular por conocer la verdad.
2. Tal vez no sea agradable a muchos por conocer la verdad.
3. Tal vez vaya a prisión por conocer la verdad.
4. Tal vez pueda perder la vida por conocer la verdad.
5. Tal vez pierda amigos, o familiares por conocer la verdad.

ES MEJOR ESTAR SOLOS POR LA VERDAD, QUE ESTAR UNIDOS EN EL ERROR. La unidad es maravillosa. Debemos buscarla, amarla, y tratar por todos los medios de mantenerla. La unidad es buena y es agradable. En el Salmo 133:1, el salmista clama: "¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!". La unidad es buena, es algo que produce un sano placer entre aquellos que la practican. No obstante, la verdad no debe ser sacrificada por lograr la “unidad”. La verdad ha estado siendo sacrificada por la “unidad”. Son muchos los que promueven la unidad sin la verdad, porque no quieren perder amigos, no quieren perder familiares, no quieren perder hijos, no quieren perder salario, no quieren perder prestigio, no quieren perder nada.

Tal vez todos recordamos al profeta Elías que, en el Monte Carmelo, estaba solo a la derecha del pueblo, y por la Izquierda los 400 profetas de Baal. ¿Por qué no buscó la unidad con ellos? ¿Por qué no buscó la popularidad que ellos tenían? ¿Por qué llevó todo hasta este punto, en el que vamos a ver sangre y lamentación, y finalmente, la muerte de todos ellos? Porque la verdad no debe ser sacrificada por la unidad. Algunos dicen que debemos tener el “espíritu de Cristo”, y evitar toda controversia en favor de la unidad y la armonía en la iglesia. Pero, ¿es verdad que Cristo evitó disentir y marcar diferencias en pro de la unidad entre los hombres? Leamos Mateo 10:34, “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada”. ¿Piensa usted que Cristo vino a traer paz a la tierra? ¿Cuántos son los que dicen que Cristo vino a traer paz a la tierra? Pues no, él no vino a traer paz, sino “espada”. ¡Espada! Qué palabra tan fuerte y tan negativa para quienes sacrifican la verdad por la unidad y la popularidad.

Un momento, ¿estamos diciendo que Cristo no vino a traer paz a su hogar, para que haya unidad y armonía en su casa? Jesús explica, diciendo, “Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra” (v. 35). ¡Vino a dividir! Vino a poner “al hombre contra su padre”. ¡Qué tremendo caos familiar hay aquí! Martín Lutero, el reformador protestante, (en La vida de Lutero, por Stork) dijo: "Yo oro porque ustedes no se llamen Luteranos, sino como Aquel, de quien nuestra doctrina emana. Yo no quiero saber nada de paz y concordia donde se ha perdido la verdad".  “Y conoceréis la verdad…”, ¿está usted dispuesto a conocerla y practicarla, a pesar de que se quede solo en este mundo?

ES MEJOR CONOCER LA VERDAD QUE LASTIMA Y LUEGO CURA, QUE PERMANECER EN LA MENTIRA QUE ALIVIA PERO LUEGO MATA.
¿Por cuánto tiempo los 400 profetas de Baal estuvieron hablando mentira al pueblo? ¿Cuántos beneficios obtuvieron? ¿Cuánta armonía alcanzaron? ¿Cuánta popularidad tenían? Sin embargo, ¿Cuál fue el fin de ellos? ¡La muerte! Salomón escribió que “Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece” (Proverbios 27:6). La verdad suele ser cruda y molestar, pero al final nos hace gozar del amor de Dios. Por su parte, la mentira, aunque por un momento nos proporciona cierta estabilidad, goce y tranquilidad, al final es importuna y dañina para nuestras almas.

“Y conoceréis la verdad…” ¿Está usted dispuesto a conocerla, a pesar de que no sea grata para sus oídos? ¿Está usted dispuesto a practicarla, a pesar de ser chocante a quienes andan en error? Puede que sus familiares y amigos se sientan lastimados al saber que usted conoce y practica la verdad, ¿aun así quiere conocerla?

ES MEJOR SER ODIADO POR DECIR LA VERDAD, QUE SER AMADO POR DECIR LA MENTIRA.
En 2 Crónicas 18:7, leemos: “El rey de Israel respondió a Josafat: Aún hay aquí un hombre por el cual podemos preguntar a Jehová; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza cosa buena, sino siempre mal. Este es Micaías hijo de Imla. Y respondió Josafat: No hable así el rey”. Micaías era “aborrecido” por decir la verdad. Al rey no le gustaba oír la verdad. ¿Y a cuánta gente le gusta escucharla? Si leemos la epístola que Pablo mandó a los Gálatas, nos damos cuenta que los hermanos andaban en error, y necesitaban que alguien les hablara la verdad. El apóstol Pablo les declaró sin rodeos, “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” (Gálatas 5:4). ¡Qué tremendo mensaje! ¿Cuán fuerte debió haber golpeado en la mente de los hermanos una declaración como esa? ¿Cuán fuerte cree usted que fue el impacto, al escuchar decir, “de la gracia habéis caído”? El asombro no fue menor al que sintió Pablo cuando escribió, “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.” (Gálatas 1:6). ¿Qué dice Pablo? Dice que estamos siguiendo, ¿qué cosa? ¡Un evangelio diferente! Tal expresión retumba y conmueve la unidad y armonía que bien podría haber tenido Pablo con los Gálatas. De hecho, Pablo nos revela lo que estos hermanos estaban sintiendo hacia él, indicando que ya no sentían el mismo amor y respeto hacia su persona, sino que lo veían como un enemigo. En Gálatas 4:16, Pablo escribió, “¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad?”  Ellos lo habían recibido con amor, como a “un ángel de Dios” (v. 14). Pero ahora que les ha dicho la verdad, Pablo les pregunta, “¿Dónde, pues, está esa satisfacción que experimentabais? Porque os doy testimonio de que si hubieseis podido, os hubierais sacado vuestros propios ojos para dármelos.” (v. 15). ¡Se acabó el gozo! ¡Se acabó la armonía! ¡Se acabó la satisfacción! Ya no somos amigos, ni hermanos, ¡somos enemigos! ¿Por qué? Por decir la verdad. ¿A cuanta gente le gusta escuchar la verdad?

Faraón odió tanto a Moisés, al punto de correrlo violentamente de su presencia y desear su muerte. En Éxodo 10:28, leemos, “sino que le gritó a Moisés: — ¡Largo de aquí! ¡Y cuidado con volver a presentarte ante mí! El día que vuelvas a verme, puedes darte por muerto.” (Nueva Versión Internacional). En el primer libro de reyes, en el capítulo 18, podemos leer del odio que tenían Acab y Jezabel contra los profetas de Dios, entre los cuales estaba Elías. De hecho, cuando Acab fue encontrado por Elías en la viña de Nabot, “Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío?” (1 Reyes 21:20). Acab tenía como “enemigo” a Elías, porque Elías le decía la verdad.

Juan el bautista fue decapitado por el odio que Herodías tenía contra él, siendo que públicamente predicaba en contra de su adulterio (Mateo 14). El mismo Jesucristo fue crucificado, no por delito alguno, sino por hablar la verdad. En los días de Isaías, las gentes decían a “los profetas: « ¡No nos sigan profetizando la verdad! Dígannos cosas agradables, profeticen ilusiones.” (Isaías 30:10 - NVI). El error de muchas iglesias hoy en día, es hacer caso a lo que la gente quiere y no lo que Dios manda. Ha llegado el tiempo en que la gente no tolera la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodean de maestros que les digan toda clase de mentiras. En lugar de escuchar la verdad, prefieren oír toda clase de cuentos fabulosos (2 Timoteo 4:4, 5).

¿Cuántos no han padecido por la verdad? Micaías decía la verdad, y lo pusieron en la cárcel a pan y agua de aflicción. Jesús decía la verdad, y ya no quisieron andar con El. José dijo la verdad, y lo pusieron en la cárcel. Jeremías dijo la verdad, y lo pusieron en un pozo. Daniel dijo y practicó la verdad, y lo echaron al foso de los leones. Los tres varones hebreos dijeron y practicaron la verdad, y los echaron al horno de fuego. Juan el Bautista predicó la verdad, y le cortaron la cabeza. Esteban proclamó la verdad, y lo apedrearon hasta matarlo. Pablo enseñó la verdad, y lo dejaron como muerto. El apóstol Juan reveló la verdad, y lo desterraron a la Isla de Patmos. “Y conoceréis la verdad…”, ¿desea conocerla, a pesar de ser odiado, o difamado, o muerto?

ES MEJOR ESTAR SOLO POR LA VERDAD, QUE ESTAR EQUIVOCADOS CON LA MULTITUD.
¿Con qué grupo se hubiese usted unido, cuando en el monte Carmelo había por un lado, un solo profeta de Dios, mientras que del otro, 400 profetas de Baal? ¿Con la multitud? ¿A quién hubiera seguido usted, a la multitud de personas que ignoraban y se burlaban de la predicación de un solo hombre, Noé, cuando este anunciaba el diluvio? ¿Hubiera sido usted el noveno pasajero en el Arca?
Muchos hoy en día creen que las grandes masas, las mega-iglesias, y las multitudes ateas o religiosas dicen la verdad. Pero no es así. Usted debe recordar que “ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella” (Mateo 7:13). Debe recordar que “estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:14). Muchos por la puerta ancha. Muchos por el camino espacioso, pero también muchos serán los que van a la perdición eterna. Es mejor ser pocos por la verdad, que estar equivocados con la multitud perdida. “Y conoceréis la verdad…” ¿Quiere usted conocerla, o seguir a las multitudes en el error?

Cristo dijo, “Y conoceréis la verdad”, y esto tiene su costo. Usted puede quedarse solo, sin padre, sin madre, sin hijos, sin esposa por la verdad. Usted puede perder amigos por la verdad. Usted puede perder su empleo por la verdad. Usted puede sufrir y perder hasta su vida por la verdad…. Pero, ¿sabe qué? En realidad, tales pérdidas son aparentes. Pues usted recibirá cien veces más si está dispuesto a perder todo ello por la verdad. El que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por causa de la verdad, entonces la hallará. ¿Quiere usted conocer la verdad, para seguirla, practicarla, amarla y vivir por ella?

martes, 29 de noviembre de 2016

Y conoceréis la verdad (4)


Cuando Cristo dijo, “y conoceréis la verdad”, uno bien puede preguntar, ¿es realmente importante conocer la verdad?

ES IMPORTANTE PORQUE DEBEMOS ADORAR E INVOCAR A DIOS “EN VERDAD”

Cristo dice que es necesario: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” (Juan 4:24)

La verdad es parte de nuestra vida nueva que Cristo nos ha dado, “Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.” (1 Corintios 5:8). Sin la verdad no tendríamos ninguna idea sobre cómo agradar a Dios.

Dios espera que los suyos le sirvan en verdad, “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.” (Josué 24:14). Dios no esperará menos hoy.

ES IMPORTANTE PORQUE HAY MUCHAS BENDICIONES POR ELLA.

Nos hace libres, “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Purifica nuestras almas, “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 Pedro 1:22)

También santifica: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad… Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.” (Juan 17:17, 19)

Es en ella que podemos amarnos como hermanos, “El anciano a la señora elegida y a sus hijos, a quienes yo amo en la verdad; y no sólo yo, sino también todos los que han conocido la verdad, a causa de la verdad que permanece en nosotros, y estará para siempre con nosotros” (2 Juan :1-2)

ES IMPORTANTE PORQUE HAY JUICIO POR NO CONOCERLA.

La ira de Dios está reservada para aquellos que detienen la verdad: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Romanos 1:18)

La ira de Dios viene sobre los que no obedecen la verdad, “pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia” (Romanos 2:8)

Los que no creen la verdad, serán condenados, “a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia” (2 Ts. 2:12)

Conocer la verdad es importante, porque debemos adorar, invocar y servir a Dios en verdad. Es importante porque hay muchas bendiciones al conocer la verdad. Es importante porque hay juicio si la ignoramos. ¿Conoce usted la verdad?

lunes, 28 de noviembre de 2016

Y conoceréis la verdad (3).

Cuando leemos las palabras del Señor en Juan 8:32, debemos buscar respuestas preguntas, ¿cómo conocer la verdad? ¿Cómo gozar de sus efectos sobre nuestras vidas? ¿Qué beneficios hay en conocerla? Y desde luego, siempre estaremos haciendo un llamamiento a que, usted, estimado hermano y amigo, no solamente la conozca, sino que rija el curso de su vida conforme a lo que ella enseña.

¿QUÉ ES LA VERDAD?
Existen al menos tres definiciones sobre lo que es la verdad. Desde el punto de vista de la lógica, la verdad es “la adecuación de la mente con la realidad”. Cuando la mente ejerce un juicio sobre algo, tal razonamiento, o es falso, o es verdadero. Se dice que es “verdadero” cuando es conforme a la realidad, y falso cuando es contrario a ella. En Ezequiel 13:9-10, leemos, “Estará mi mano contra los profetas que ven vanidad y adivinan mentira; no estarán en la congregación de mi pueblo, ni serán inscritos en el libro de la casa de Israel, ni a la tierra de Israel volverán; y sabréis que yo soy Jehová el Señor. Sí, por cuanto engañaron a mi pueblo, diciendo: Paz, no habiendo paz; y uno edificaba la pared, y he aquí que los otros la recubrían con lodo suelto”. Lo que ellos decían ver era falso, no era la verdad, pues sus visiones y mensajes eran contrarios a la realidad. Lo que había en su mente era falso, no existía, ni existiría nunca, no era real, no era la verdad.

Desde el punto vista “moral”, se dice que la verdad es “la adecuación de las palabras con el pensamiento”. Hay ocasiones en que las palabras no se conforman a nuestra verdadera manera de pensar. A esto llamamos “mentira”, la cual, es contraria a la verdad. En Jeremías 23:32, leemos, “He aquí, dice Jehová, yo estoy contra los que profetizan sueños mentirosos, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus mentiras y con sus lisonjas, y yo no los envié ni les mandé; y ningún provecho hicieron a este pueblo, dice Jehová”. Ellos sabían muy bien que Dios no les había hablado en sueños, ni mucho menos que les había dado un mensaje de paz. Sus palabras no se conformaban a sus pensamientos.

Desde el punto de vista “ontológico”, la verdad es “la adecuación de la cosa o entidad con la mente divina”. En otras palabras, hablamos de “verdad ontológica”, cuando nos referimos a la conformidad de una cosa con la idea original que se tuvo o se tiene de ella. Cuando decimos, “esto es oro”, o “estas flores son verdaderas”, o “este es un verdadero caballero”, es porque tales cosas cumplen todos los elementos para ser lo que son, “oro”, “flores verdaderas” y “un verdadero caballero”. Cuando buscamos la verdad ontológica de algo o alguien, buscamos todos los elementos que lo hacen auténtico, o genuino; que no es falso, que no es adulterado, que no es imitación, que no es apariencia; que no lo decimos en sentido metafórico, sino real; que corresponde a la idea que de tal cosa tenemos; que cumple con la esencia de la cosa. En un sentido ontológico decimos que Cristo es Dios, porque tiene todos los elementos esenciales que le hacen ser Dios. Es así que, ontológicamente, si yo digo que soy Dios, sencillamente es falso, porque no poseo los atributos que la deidad tiene.

Entonces, ¿Qué es la verdad a la que hace referencia Jesús? Jesús hace referencia a la Palabra de Dios. La palabra de Dios se ajusta con la realidad. Lo que la Biblia dice es real, no es mito. Por ejemplo, no fue sino hasta el año 1940, que se declaró el peso del aire; sin embargo, cientos de años antes en el libro de Job se declaró, "Al dar peso al viento". La ciencia ha descubierto que la declaración de Job, es científicamente correcta. Es una declaración real, y así, verdadera.  Por su parte, lo que Dios dice en su palabra, se ajusta a sus pensamientos, Dios no miente. Pablo escribió, diciendo, “en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos” (Tito 1:2). Y también, “De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando fueres juzgado” (Romanos 3:4).  Desde el punto de vista ontológico, la Palabra de Dios es verdad. Jesús dijo, “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Cuando Jesús dice, “conoceréis la verdad”, nos está hablando de la misma Palabra de Dios.

EL EFECTO MISMO DE PERMANECER EN SU PALABRA.
Jesús dijo, “Si vosotros permaneciereis en mi palabra… conoceréis la verdad” (Juan 8:31-32). No hay otra fuente para conocer la verdad, sobre todo, la verdad que afecta en sumo grado nuestra vida física y espiritual.

¿De qué ha servido permanecer en otras “fuentes de verdad”? Las religiones que adoran o veneran al mundo vegetal, no están en la verdad; pues, plantas y árboles no son dioses, sino que fueron creados por Dios: “Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.” (Génesis 1:11).  Las religiones que veneran o adoran, y que determinan su vida por la guía del sol, la luna o las estrellas, no están en la verdad, pues todo ello no son dioses, sino que fueron creados por Dios: “E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas.” (Génesis 1:16). Las religiones que adoran al mar, a los peces o a las aves, no están en la verdad, pues tales cosas no son dios, sino que fueron creados por Dios: “Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno.” (Génesis 1:20, 21).  ¿Qué decir de las religiones que adoran a ciertos animales, tales como vacas, monos, serpientes o elefantes? Que no están en la verdad, pues nada de ello posee deidad, sino que todo fue creado por Dios: “Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.” (Génesis 1:24, 25).  ¿Qué de las religiones que adoran al hombre mismo? Que no andan en la verdad, pues el hombre no es dios, sino que también fue creación de Dios: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre” (1:26). ¿Es la mujer Dios? No, pues también fue creada por Dios (1 Corintios 11:8; Génesis 2:22).

SIN SU PALABRA ES IMPOSIBLE CONOCER LA VERDAD.
Uno no puede conocer aquello que ya conoce. Pero si hemos de conocer la verdad, entonces es del todo cierto que no la conocemos. La idolatría es evidencia de no conocer la verdad. Pablo dijo a los hombres sabios de Atenas, “porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio.” (Hechos 17:23).  Nuestra indiferencia hacia las cosas de Dios, indica que no conocemos la verdad. Jesús dijo a la mujer Samaritana, “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva” (Juan 4:10). Cuando rechazamos a Jesucristo, estamos dando evidencia de que no conocemos la verdad. Fue por esa razón que Jesús fue condenado a muerte, “Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle” (Hechos 13:27). La perversión, el crimen, la violencia, el robo, los secuestros, las injusticias, el adulterio, las violaciones, los asesinatos y toda clase de vicios pecaminosos, son la más grande evidencia de que los hombres no conocen la verdad. En Efesios 4:17-18, Pablo afirma que hay personas que sufren tres cosas terribles: (1) “andan en la vanidad de su mente”. (2) Tienen “el entendimiento entenebrecido”. (3) Están “ajenos de la vida de Dios”. Pero, ¿por qué? Por dos cosas, “por la ignorancia que en ellos hay”. ¡Ellos no conocen la verdad! No conocen la Palabra de Dios. Esta ignorancia está provocando que el hombre se destruya a sí mismo. Esta ignorancia está provocando mucha amargura y desgracia en el mundo. En segundo lugar, “por la dureza de su corazón”.  Cuando saben de la verdad, cuando saben de la voluntad de Dios, ¿qué hacen? ¿Qué hace usted ante la verdad? ¿La obedece? 

La palabra de Dios dice que, “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Usted ha pecado. Usted está destituido de la gloria de Dios. Eso es verdad. También dice que “la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Esto también es verdad. El pecado le ha matado espiritualmente. Le ha dejado sin esperanza para ir a la gloria. Pero, lo que Dios ofrece, lo que Dios da, es “vida eterna en Cristo Jesús”. Esto también es verdad. No obstante, falta que usted acepte este regalo de Dios, obedeciendo sus mandamientos.  ¿Desea conocer el evangelio del Señor, y obedecerlo para la salvación de su alma?

Y conoceréis la verdad (2)

¿Cómo es que podemos llegar a conocer la verdad, sobre todo, como Cristo quiere que la conozcamos? Jesús nos enseña la manera de hacerlo. 

TENIENDO COMUNIÓN O RELACIÓN CON ELLA.
La palabra “conoceréis”, es traducción del griego “γνωσεσθε” (“gnoseste”), que significa notar, reconocer, saber, sentir, tener, entender, informar, llegar, cerciorar, comprender y conocer. No obstante, creo que en este texto, la palabra “conoceréis” va más allá de un simple “saber” y/o “aprender” la verdad, sino también “relacionarse” o “hacerse uno” con ella. Hay personas que “conocen” o que “saben” la verdad pero, ¿tienen comunión con ella? ¿Viven con ella? ¿La proclaman? ¿La respetan? ¿La aman? ¿Cuántos no hay en el mundo que conocen la verdad, pero no la viven? Tenemos un ejemplo en Romanos 1:21, “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido”. ¿Cómo es que seguían tales “razonamientos” y así, tal conducta perversa, si habían conocido a Dios? En 2 Pedro 2:21, leemos: “Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado.” Según el verso 2, este “camino de justicia” es “el camino de la verdad”.  Ellos habían conocido “el camino de la verdad” pero, aun así, volvieron atrás y dejaron de perseverar en ella. De hecho, el verso 20 dice que ellos, “por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo”, habían “escapado de las contaminaciones del mundo”. No obstante, a pesar de tener tal “conocimiento”, se enredaron otra vez en ellas. En Hebreos 10:26, dice, “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados”. ¿Es posible “pecar voluntariamente”, a pesar de haber recibido el “conocimiento de la verdad”? Esta advertencia nos dice que es posible, y advierte fuertemente sobre ello. En Hebreos 6:4-6, dice, “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.”  Así pues, no basta con “saber” o tener “conocimiento” de la verdad, sino de comulgar o intimidar con ella. Es interesante que la palabra “conocimiento”, también se usa para indicar “relación sexual” entre esposos. Así se usa en Génesis 4:1, “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón.” Así se usa en Números 31:17, “Matad, pues, ahora a todos los varones de entre los niños; matad también a toda mujer que haya conocido varón carnalmente.” Así se usa en 1 Reyes 1:4, “Y la joven era hermosa; y ella abrigaba al rey, y le servía; pero el rey nunca la conoció.” Así se usa en Mateo 1:25, “Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.” La relación sexual implica unión, comunión, intimidad, amor, y es así como debemos “conocer la verdad”.

CONOCEMOS LA VERDAD PERMANECIENDO EN ELLA.
En el contexto de Juan 8:32, es decir, el verso 31, Jesús dijo, “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos”. Hay que “morar”, “vivir” o “continuar” en la Palabra del Señor y así conocer la verdad. Se “permanece” en la Palabra, viviéndola o practicándola.
A esto se refieren las exhortaciones bíblicas que nos invitan a “guardar” la Palabra del Señor. Quienes no guardar o practican la Palabra del Señor, son “insensatos”. Jesús dijo que “cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.” (Mateo 7:26). La palabra del Señor se guarda, quitando todo aquello que impida nuestra obediencia a ella. Hay que abrir el corazón para que la Palabra lo penetre y dé fruto. No obstante, algunos son duros como el aquel camino que, cayendo la semilla sobre sí, no logra dar fruto: “El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron.” (Lucas 8:5)  Hay que arraigar la Palabra en nuestros corazones, estando plenamente convencidos con respecto a sus mandamientos y promesas. No obstante, a algunos les pasa lo que a la semilla que cayó entre las piedras, Jesús dijo, “Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan” (Lucas 8:13) Hay que evitar todo deseo contrario a Dios, y todo afán para que la palabra de Dios tenga efecto en nuestras vidas. “La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto” (Lucas 8:14) Las innovaciones anti bíblicas hacen imposible que uno permanezca en la palabra del Señor. El apóstol Juan lo argumentó así, “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo.” (2 Juan 1:9). “se extravía” (más bien expresado, “pasa adelante”); “no persevera.” En estas dos frases se expresa el mismo acto. Los que pasan adelante, o progresan, en lugar de permanecer, con razón se describen como “progresistas.”. No se quedan en la doctrina de Cristo, sino que avanzan o van más allá de ella. ¿Llegarán a “conocer”, es decir, a “vivir”, a “comulgar” o a “intimidar” con la verdad, quienes no permanecen en la doctrina del Señor? Imposible. ¡No tienen a Dios!

CONOCEMOS LA VERDAD OBEDECIENDO EL EVANGELIO.
El evangelio de Cristo y la verdad son inseparables: “a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros” (Gálatas 2:5) Uno no puede tener el evangelio por un lado y la verdad por otro. No puede estar uno a la izquierda y el otro a la derecha. El evangelio dice la verdad, es verdad, y quien obedece el evangelio, debe estar seguro que ha obedecido la verdad, y así, conoce la verdad. El evangelio dice la verdad: “a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio” (Colosenses 1:5) Cuando usted cree el evangelio de Cristo, cree que Jesucristo es el Hijo de Dios, usted cree a la verdad, pero, ¿si no? Cuando usted se arrepiente de sus pecados, entonces usted obedece la verdad, pero, ¿si no? Cuando usted es bautizado para perdón de sus pecados, obedece la verdad, pero, ¿si no? ¿Obedecerá usted la verdad?

¿Conoce usted la verdad? ¿Tiene comunión con ella? Si no es así, entonces usted necesita obedecer el evangelio del Señor, y una vez que lo haya conocido, esforzarse día a día para perseverar en la verdad, en la Palabra del Señor.

jueves, 24 de noviembre de 2016

El engaño de la unidad entre iglesias.

Son populares los sermones, conferencias y artículos que tienen que ver con la "unidad". En los púlpitos los predicadores arengan sobre la necesidad de unidad, sobre los beneficios de la unidad, y sobre el pecado de la división.

Sin embargo, en la mayoría de exposiciones semejantes, veo que muchos suponen que la unidad, tiene que ver con "iglesias", lo cual es un error.  ¿Qué enseña la Biblia sobre la unidad? Sobre todo, ¿enseña que la unidad es una cuestión entre iglesias? La verdad es que la unidad, es una responsabilidad individual en beneficio de la iglesia local (cfr. Efesios 4:3-6; Efesios 4:11-12; 1 Corintios 1:10; 1 Corintios 11:18).

No obstante, y a pesar de que no existen textos bíblicos para probar que debe haber "unidad entre las iglesias", aún así muchos hermanos insisten en llamar a la unidad a las iglesias. Pero, ¿qué es lo que quieren? Desde un punto de vista práctico, ¿qué quieren que hagan las iglesias, para entonces decir que hay "unidad"? La respuesta de esta pregunta expondrá el error que hay de fondo, al llamar a las iglesias a la unidad. 

El primer error es que, los que llaman a las iglesias a la unidad, lo hacen para llevar a cabo actividades que no están autorizadas en el Nuevo Testamento.  Por ejemplo, quieren que las iglesias participen en "cultos unidos", en los cuales, quieren que las iglesias funcionen en asamblea como si fueran una sola congregación.  ¡No hay texto bíblico para semejante obra! Son los individuos, y no a las iglesias, los que son llamados a congregarse (cfr. Hechos 20:7). Esas reuniones de iglesias para funcionar como una sola congregación, no tienen base bíblica, pero es esa la "unidad" que muchos quieren. Sin embargo, tal unidad no es la que enseña "el Espíritu" (Efesios 4:3).

El segundo error, es que quieren que haya "unidad", a pesar de las "diferencias doctrinales" que hay entre las congregaciones. Esta es una realidad que podemos ver en el Nuevo Testamento. ¿Nos dirá usted que en el Nuevo Testamento, todas las iglesias creían una y la misma cosa? ¿Nos dirá usted que la iglesia en Galacia, creía exactamente lo mismo que la iglesia en Corinto? ¿Creían lo mismo las siete iglesias del libro de Apocalipsis? La unidad consiste en "hablar una misma cosa", teniendo "una misma mente y un mismo parecer" (1 Corintios 1:10). ¿Lee usted que las iglesias hablaban la misma cosa, y que todas las iglesias tenían una misma mente y un mismo parecer? Ni en el Nuevo Testamento, ni hoy en día sucede tal cosa. Y no sucede porque es imposible.  Es por esta realidad que Dios determinó que las iglesias fuesen autónomas en organización y obra (cfr. Filipenses 1:1; Hechos 14:23). Que iluso es el predicador que cree en la "unidad entre iglesias".  

En tercer lugar, los llamamientos de unidad entre iglesias, terminan siendo caldo de cultivo para la infección carnal de las congregaciones que creen en semejante sueño guajiro.  La única manera de lograr esa unidad, es por medio de la filosofía humana conocida como la "unidad en la diversidad", en la que se pretende estar unidos, pese a las grandes y graves diferencias doctrinales entre los promotores y participantes de ese movimiento.  Se engañan a sí mismos los que creen que hay "unidad" en semejante caso. Al final, terminan llamando "opinión" a las enseñanzas del Nuevo Testamento, teniendo como temas vitales algunos pocos puntos tales como la deidad de Cristo (y eso con sus matices), su nacimiento virginal (con sus matices), su muerte, sepultura y resurrección. El plan de salvación (últimamente con serios matices).  Como vemos, incluso las doctrinas "vitales" para quienes promueven la unidad entre iglesias, también están llenas de acotamientos que tienen que ser ignorados para evitar el "conflicto".  Al final tenemos a las iglesias comulgando y hasta recibiendo herejías que conducirán a muchos al infierno (cfr. Gálatas 5:19-20).

Amados hermanos, no se engañen. Lean su Nuevo Testamento, y vean que la unidad es una responsabilidad individual en beneficio de la iglesia local.  Lean en su Nuevo Testamento y noten que no hay unidad orgánica entre iglesias, sino que cada una se organiza y obra de manera autónoma. La unidad entre iglesias no es la unidad del Espíritu, sino una unidad subjetiva, y así, defectuosa para la fe del creyente que la promueve y participa en ella.