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martes, 12 de abril de 2016

EL USO LEGÍTIMO DE LA LEY.

La Biblia presenta a la humanidad dividida en tres grupos, a saber, judíos, gentiles y cristianos. Así lo dice claramente la Palabra de Dios. Pablo escribió, "Porque LOS JUDÍOS piden señales, y LOS GRIEGOS buscan sabiduría; pero NOSOTROS predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura" (1 Corintios 1:22). Como se hace evidente, hay tres grupos identificados como “los judíos”, “los griegos”, es decir, “gentiles” y “nosotros”, palabra que hace referencia a los cristianos. En otra parte Pablo lo declaró como sigue, “No seáis tropiezo ni a JUDÍOS, ni a GENTILES, ni a LA IGLESIA de Dios” (1 Corintios 10:32). Entonces, es evidente que la humanidad, está dividida en esos tres grupos. Si usted es judío, no es gentil, y si es gentil, entonces no es judío. Dios entregó la ley a los judíos, pues, “todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley” (Romanos 3:19; 1 Corintios 9:20). Los gentiles, por su parte, “están sin ley” (1 Corintios 9:21). Pablo dice directamente que “los gentiles... no tienen ley” (Romanos 2:14). ¿Qué del tercer grupo? Los cristianos estamos “bajo la ley de Cristo” (1 Corintios 9:21).

Ahora bien, si los judíos están bajo la ley, y si los gentiles no tienen ley, y si los cristianos vivimos bajo la ley de Cristo, ¿qué uso tiene hoy en día la ley, en relación a esos tres grupos? La ley, para los cristianos, para los judíos y para los gentiles, tiene un uso “LEGÍTIMO”. La Biblia lo explica diciendo, “sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado” (1 Timoteo 1:8-11). En Gálatas 3:24, Pablo también declaró, “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe”.  Como vemos, el uso legítimo de la ley para el cristiano, es LLEVAR A CRISTO a “judíos” y a “gentiles”. Es verdad que los gentiles están sin ley pero, “cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos (Romanos 2:14, 15). 

El cristiano, entonces, bien puede usar la ley para llevar a Cristo a judíos y a gentiles. Pablo así lo hizo, y lo testifica diciendo, “ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado (Romanos 3:9).  El uso legítimo de la ley es, pues, para llevar a judíos y a gentiles a Cristo, mostrando su culpabilidad y necesidad “del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego (Romanos 1:16). 

Hay quienes quieren usar la ley de Dios de manera ilegítima, tomando de ella lo que es para el judío, en cuanto a culto y promesas se refiere, y aplicarlas al cristiano. Eso no es correcto. La ley solamente puede ser aplicada a judíos y a gentiles para llevarlos a Cristo; mientras que, para saber de culto y promesas vigentes, está la ley de Cristo. Bajo la ley de Cristo, “ya no hay judío, ni griego” (Gálatas 3:28), sino “cristianos” (Hechos 11:26), los cuales, vivimos “bajo la ley de Cristo” (1 Corintios 9:21). ¿Está usted usando la ley de manera legítima?

Lorenzo Luévano Salas

viernes, 4 de marzo de 2016

LA IGLESIA ESTÁ AVANZANDO, ¿QUIÉN LO DICE?

Muchos buenos hermanos, pero equivocados, creen que "La Iglesia de Cristo" está avanzando, está viva y activa, porque celebran reuniones donde congregan a varias iglesias, y entonces tienen un gran número de creyentes reunidos en un solo lugar.  Otros creen que la iglesia está avanzando, porque han entrado en la carrera del institucionalismo, estableciendo "escuelas", donde buenos hermanos se están "graduando de predicador", o recibiendo títulos tales como "licenciados" o hasta "doctores", y por tener esta clase de creyentes en sus filas, creen que la iglesia está viva y activa.

Amados hermanos, la vida y el éxito no lo debemos juzgar nosotros, sino Dios.  Cuando los hombres juzgan que la iglesia está viva, la perspectiva de Dios puede ser diferente.  A la iglesia en Sardis, el Señor le dijo, "Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto" (Ap. 3:1).  ¿Se daban cuenta estos hermanos de su triste y real condición espiritual? No, ellos se juzgaban "vivos", pero estaban "muertos".  

La situación de la iglesia debe ser juzgada en base a los criterios de Dios en su Palabra, y no en base a los criterios humanos. La iglesia en Laodicea, por su parte, decía, "Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad" (v. 17a).  ¡Cuánto éxito! ¡Cuánta prosperidad! Hoy en día muchos predicadores así juzgan a la iglesia, cuando publican fotografías de "cultos unidos" en que varias "iglesias locales" de una ciudad suspenden sus actividades para reunirse y funcionar como si fuera una sola iglesia local.  Cuanta gente. Qué instalaciones. Qué bonito. Hay escuelas, hay clínicas, hay obra.  Ninguno de ellos quiere escuchar las palabras que señalen todas esas obras como contrarias a la voluntad de Dios.  No quieren oír la amonestación del Señor que dice, "no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo" (v. 17b).  

Mis hermanos, negar la existencia del pecado, no les libra de sus consecuencias eternas. Negar y cerrar sus ojos a la verdad, en la que se muestra el error de muchas de las obras en que hoy en día se han involucrado muchas iglesias de Cristo, no les librará de las consecuencias eternas que ese pecado les traerá.  

Yo sé que pueden sentirse muy mal, y hasta molestos por escuchar exhortaciones como estas. Sé que estaban bien contentos y felices haciendo planes para el próximo proyecto masivo, o para la próxima actividad no autorizada por el Señor, y lo último que quieren oír es que tales planes y proyectos no son bíblicos.  ¿Y cómo cree que se sintieron los hermanos en Sárdis, al leer las palabras de Juan que les exponía como "muertos"? ¿Y cómo cree que se sintieron los hermanos en Laodicea, al leer las palabras de Juan cuando les dijo que su condición era de miserables? 

Ecuánimes mis hermanos. Por un momento deténgase y controle sus emociones, y piense ovjetivamente. Tome la Palabra de Dios y busque el comentario de Dios. Busque la autoridad divina para tales obras. Y al hacerlo, tenga cuidado de no torcer las Escrituras, de no sacar de contexto los pasajes, de no mal representar los hechos de los primeros cristianos.  Tenga mansedumbre y sea humilde a la verdad bíblica, aunque contradiga sus gustos y proyectos personales.  

¿La iglesia está viva y activa? ¿Quién lo dice? ¿Lo dice Dios?

martes, 30 de junio de 2015

Todos bendecimos una y la misma copa en la cena del Señor.


Las iglesias de Cristo que perseveran fieles en la doctrina del Señor mostrada en el Nuevo Testamento, participamos de la cena del Señor el primer día de la semana. Cuando hacemos esto, todos los cristianos reunidos ese mismo día, aunque lo hacemos en diferentes horarios y lugares, todos bendecimos una y la misma copa al participar de la cena del Señor. Sí, usted leyó correctamente. Todos bendecimos, y así, bebemos, una y la misma copa al participar de la cena del Señor.

Hermanos equivocados que contienden porque cada iglesia de Cristo use un solo recipiente para beber el fruto de la vid al participar de la cena del Señor, no entienden que, la Biblia, no enseña que cada iglesia local debe usar un solo recipiente en la cena del Señor, sino que todos beban y bendigan una y la misma copa, exactamente como lo enseña la Biblia. 

Sí, mis estimados hermanos. La Biblia enseña que todos los cristianos fieles, el primer día de la semana, en diferentes congregaciones, horarios y países, todos bebemos y bendecimos "una sola copa" al participar de la cena del Señor. Espero comprendan lo que estoy diciendo. No, no estoy diciendo que cada iglesia tenga un solo recipiente, sino que todos los cristianos, aunque en diferentes congregaciones, al participar de la cena del Señor, todos bebemos una copa. Sí, todos bebemos y bendecimos una copa. Así lo dijo Pablo en 1 Corintios 10:16, que dice:

"La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo?"

Nótese que es "la copa", es decir, una sola copa. Sin embargo, dice que todos la estaban "bendiciendo". La palabra "bendecimos" es plural. ¿Quiénes, dice Pablo, estaban bendiciendo la copa? TODOS, es decir, él y los hermanos en Corinto. Al participar Pablo de la cena del Señor en Éfeso, y al participar los hermanos en Corinto, junto con Pablo estaban dando gracias por "la copa", es decir, por una sola copa. No, el texto no dice que en Éfeso tenían "una copa" y en Corinto "otra copa", sino que todos bendecían una y la misma copa. ¿Cómo es esto posible?

Cuando los cristianos participamos de la cena del Señor, "bendecimos la copa", es decir, damos gracias por lo que ella significa y la resultante participación nuestra en los beneficios de su sacrificio. Bendecir la copa es dar gracias por ella (cfr. Mateo 14:19, "bendijo"; con Juan 6:11, "habiendo dado gracias".). Cuando usted, en la congregación donde es miembro, da gracias por el fruto de la vid, yo también lo hago en la congregación donde soy miembro, y así, todos bendecimos una y la misma copa. Es decir, damos gracias por el fruto de la vid. 

Hermanos equivocados no bendicen una y la misma copa, sino que bendicen "varias copas", cuando cada congregación bendice la copa que tienen para beber el fruto de la vid. Esta práctica no es bíblica. Lo que debe ser bendecido por todos los cristianos en el mundo, a pesar de estar en diferentes congregaciones, como Pablo en Éfeso y los hermanos en Corinto, es bendecir todos "la copa", es decir, dar gracias por el fruto de la vid. Es interesante que hermanos equivocados y que contienden por el uso de "una sola copa", ¡terminen bendiciendo varias copas! 1 Corintios 10:16 contradice semejante práctica.

sábado, 25 de abril de 2015

DIOS CONOCE NUESTROS MOTIVOS

"Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; 
Pruébame y conoce mis pensamientos"
(Salmo 139:23)
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Cuando una iglesia es lastimada por obreros perversos, el daño para la fe y la vitalidad de tal congregación es sumamente grande. Hay iglesias que duran años para poder levantarse de un golpe semejante.  Cuando visité a la iglesia de Cristo en la Colonia Francisco I. Madero, ella acababa de pasar una crisis muy grande con aquellos que pretendían edificarla; sin embargo, el "trabajo" que estuvieron haciendo por años, fue dañarla y alimentarla con alimento de muy mala calidad que, desde luego, estaba dejando a los miembros con muchas ideas equivocadas al grado de llegar a pensar que la salvación era técnicamente imposible para ellos.  Fue ese estado de necesidad lo que me motivó a visitarla regularmente. Fue su debilidad lo que movió mi corazón para afrontar el reto de levantarla de ese estado deplorable y triste en el que estaba.  

Los hermanos me recibieron con gozo. Me alentaron a seguir visitándoles y a seguir enseñándoles la Palabra de Dios.  Sin embargo, los perversos no tardaron mucho en cuestionar mis motivos.  Comenzaron a esparcir otro rumor de los muchos que ya han levantado en mi contra.  Ahora decían que yo iba tras el dinero de esta iglesia. Que si no era por el dinero, entonces yo no estaría con ellos.  Cuando tales rumores llegaron a mis oídos, una de las primeras lecciones que presenté a la iglesia fue sobre el uso de la colecta, y cómo la iglesia debía usarla para hacer su obra.  No obstante, los hermanos escucharon una enseñanza que nunca habían oído en un predicador actual.  Fui contundente y directo en mi declaración cuando dije, "Mis hermanos, a causa de que he escuchado que estos rumores han cuestionado mis motivos para estar entre ustedes, no puedo recibir ni un centavo de su parte.  Yo sé que ustedes son generosos, y sé que están dispuestos a contribuir en la obra de Dios, y les ruego que me perdonen este agravio, pero no voy a aceptar nada que implique dinero de esta congregación".  Cuando terminé esa enseñanza los hermanos me indicaron que no hiciera caso a tales rumores, que ellos no tenían problema alguno en participar conmigo; sin embargo, me ví forzado a persistir en mi postura, y a no recibir nada de ellos.

Ahora que ha pasado el tiempo, los hermanos han sido testigos de mi conducta y enseñanza para con ellos, y han comprobado por sí mismos que los rumores que pretendían dañar nuestra comunión, no eran sino calumnias de verdaderos obreros fraudulentos, y nuestra comunión y trabajo han sido bendecidos por el Señor. La iglesia ha mejorado en su ánimo, y ha estado trabajando con visitantes y ya tenemos en puerta proyectos de trabajo para seguir haciendo la obra del Señor.

Aún así es lamentable que hermanos en otros lugares estén siendo afectados por comentarios, chismes o difamaciones que algunos levanten en mi contra sin razón alguna.  Y aunque en el momento es causa de tristeza, lo que me mantiene activo y sin cesar en la obra del Señor, es que él conoce mis motivos.  

Si usted, estimado obrero, ha sido calumniado, o difamado, o si alguien a cuestionado los motivos por los cuales está predicando, no deje de hacer la obra por causa de ello. Siga firme en su buena intención de servir al Señor a pesar de las dificultades y daños de quienes quieran verle vencido.  Recuerde, el Señor conoce sus motivos, y si sus motivos son sanos, deje que el Señor haga justicia con usted. El Señor dice, "No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová." (Jeremías 1:8).  Adelante, estimado siervo del Señor, ¡Adelante! Dios conoce nuestros motivos...

 

viernes, 27 de marzo de 2015

NECESITAMOS A DIOS PARA SER FELICES
(Salmo 1)

La felicidad es una necesidad. Para tener una vida plena, necesitamos ser felices. La Asamblea General de la ONU aprobó una resolución que reconoce la búsqueda de la felicidad como "un objetivo humano fundamental" e invita a los Estados miembros a promover políticas públicas que incluyan la importancia de la felicidad y el bienestar en su apuesta por el desarrollo.  Sin embargo, y esto lo declaro con toda convicción, que mientras los hombres no tengan a Dios, la felicidad que tanto buscan nunca podrá ser una realidad. Desde luego, al escuchar esta afirmación, alguien podría preguntar, ¿por qué necesitamos a Dios para ser felices?

NECESITAMOS A DIOS PARA SER FELICES, PORQUE LAS COSAS DE ESTE MUNDO PRODUCEN UNA FELICIDAD VANA.

Muchas personas piensan que la felicidad se logra por tener una casa grande y elegante, y que tenga todas las comodidades.  Creen que por tener uno o dos autos del año y bien equipados lograrán ser felices.  Creen que lograrán la felicidad con un buen empleo, o con un buen negocio que les proporcione buenas ganancias económicas.  Salud, dinero y amor son la clave, dirán otros más. Pero, ¿sabía usted que ninguna de estas cosas le lleva a una verdadera felicidad? Ni aunque las tuviese todas ellas. 

No, no estoy diciendo que todas esas cosas sean malas.  Tampoco estoy diciendo que lograr tenerlas por medio del trabajo honesto sea malo.  Lo que estoy cuestionando, es si tener tales cosas nos llevan a gozar una felicidad verdadera.  Sobre todo, a una felicidad estable y continua, no a estados de dicha temporal, sino a gozar total y permanentemente de la felicidad.

Entonces, pregunto nuevamente, ¿tener tales cosas resulta en felicidad para nosotros? La experiencia nos dice que no. Hay muchas personas que poseen todo esto y muchas cosas más y no son felices. Han luchado toda su vida por lograrlo y al final se dan cuenta que no era eso lo que les daría la felicidad.

La Biblia muestra esta triste realidad.  En Eclesiastés 2:1, luego que el escritor estuvo buscando la felicidad en la “sabiduría”, sin encontrarla, expone también su fracaso tras buscarla en los placeres, las posesiones y la alegría de este mundo.  Él dice, Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad.”   Dos elementos que el hombre busca, la “alegría” y “los bienes”, y ambos resultan en un gran fracaso para lograr la felicidad, ¿por qué? Porque ambas cosas son “vanidad”.  ¿Cuánto dura la alegría causada por los bienes que se poseen? En esta vida, “la polilla y el orín corrompen” todos nuestros bienes, y “ladrones minan y hurtan”  lo que hemos logrado tener con muchos sacrificios (Mateo 6:19). Y si nuestra felicidad tiene esos fundamentos, entonces nuestra felicidad es tan vana como los fundamentos mismos.  Si construir una casa sobre la arena resulta en un terrible fracaso, fundamentar nuestra felicidad en la alegría que los bienes producen, no puede tener un resultado distinto, sino el mismo y miserable efecto.

Ante ese panorama gris y desalentador, no debemos ignorar la experiencia del escritor bíblico cuando escribe, “A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto? Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida. Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas; me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto. Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles. Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén. Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; me hice de cantores y cantoras, de los deleites de los hijos de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música. Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría. No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena. Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.” (v. 2-11).

¿Y la felicidad? Tan vana como todas las cosas que supuestamente la podían producir. Ni la buena salud, ni un buen trabajo, ni una buena casa, ni el dinero, ni el amor, nada de las cosas de este mundo puede llevarnos a la felicidad.  Si usted está buscando la felicidad en todas esas cosas, quedará frustrado y lleno de amargura, viendo como todo se desvanece, se acaba, se termina y su felicidad… igual de vana y corrupta como todas las cosas que ha logrado tener, y que quizás goza actualmente. 

Muchos que han puesto sus esperanzas en el dinero, y así lograr la felicidad que tanto desean, terminan frustrados al ver que cae la banca de valores, y mientras esta institución humana se derrumba, con ella se derrumba la felicidad de quienes pretendían ser felices por medio del dinero.  ¿Y qué tendrán a cambio? Su ruina será como la de aquellos que se enriquecían y hacían negocios en la gran ciudad identificada como la gran ramera.  Cuando cayó, cuando vino el juicio sobre ella, dice la Biblia, “Y los reyes de la tierra que han fornicado con ella, y con ella han vivido en deleites, llorarán y harán lamentación sobre ella, cuando vean el humo de su incendio, parándose lejos por el temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte; porque en una hora vino tu juicio! Y los mercaderes de la tierra lloran y hacen lamentación sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías” (Apocalipsis 18:9-11). ¿Dónde quedaron las inversiones? ¿Dónde quedaron los buenos negocios? Ahora es una gran avalancha de pérdidas y una quiebra inevitable. ¡Adiós a la buena vida! ¡Adiós a la seguridad! ¡Adiós al prestigio! ¡Adiós a muchos amigos! ¡Adiós a la felicidad!

Si ha puesto su felicidad en manos de la fama, en cualquier momento verá que se cae el pedestal en donde le tenían sus fanáticos. En un momento verá que la difamación es mucho más fuerte que las alabanzas. Si busca su felicidad en el deporte, pronto sentirá el látigo de la fatiga, y aceptará con tristeza que hasta en los deportes entra la política, la intriga, la envidia y la traición. Pablo dijo que “el ejercicio corporal para poco es provechoso” (1 Timoteo 4:8), por lo que, de seguro no sirve para encontrar la felicidad allí.

¿Cuál es el error de fondo en creer que por medio de tales cosas se puede ser feliz? La confusión de dos conceptos es el problema. No es lo mismo vivir cómodos, que vivir felices. Uno puede vivir feliz sin vivir cómodamente. 

La vida cómoda produce una felicidad vana, una felicidad aparente, que no es real, que no tiene un buen sustento, ni mucho menos consistencia.  Es una burbuja, es una emoción resultante de la comodidad y la ausencia de problemas. Pero la verdad es que mientras vivamos aquí en la tierra no podremos estar 100 % cómodos y sin problemas. Nadie en la tierra ha podido vivir cómodo y sin problemas, por eso, mientras la felicidad sea buscada en la comodidad, entonces el fracaso es inevitable.

¿Qué hay de las personas? Tal vez la felicidad dependa de las personas que nos rodean. No obstante, nuestros padres, nuestros hijos, nuestra pareja nos puede fallar, y de seguro lo ha harán.  Desde el principio de la creación, podemos ver cómo la esposa y el esposo se fallan mutuamente.  Y así podemos seguir leyendo a través de las páginas de la Biblia y encontrar a hijos fallando a sus padres, a hermanos fallando a sus hermanos, al prójimo fallando y dañando a su prójimo.  Las noticias están llenas de esta verdad. Usted sabe que no miento, la violencia, los crímenes y toda clase de abusos e injusticias, nos muestra qué tan grave puede ser pretender encontrar la felicidad en el hombre. 

Ya hemos visto hacia diferentes direcciones para encontrar la felicidad. Hemos visto que ni las personas, ni los bienes, ni los placeres pueden darnos una verdadera felicidad.  Nada en este mundo puede darnos la felicidad que necesitamos.

Pero… esperen un momento.  Falta apuntar nuestra mente y corazón hacía otra dirección.  Hay todavía una persona que debemos considerar: Dios. Y este es el punto principal: Necesitamos a Dios para ser felices.  Pero, ¿por qué? ¿Por qué necesitamos a Dios?

PORQUE SIN ÉL NO SE PUEDE ALCANZAR LA FELICIDAD.

Esta verdad la vemos expresada desde las primeras páginas de la Biblia.  Adán, Eva y sus hijos, vivían en plena comunión con Dios, y eran felices. En sus vidas había armonía y buenas relaciones.  Sin embargo, cuando Adán y Eva tomaron la decisión de alejarse de Dios, entonces la desgracia se hizo presente.  Según el capítulo 3 del libro de Génesis, ellos llegaron a tener sentimientos e ideas que nunca antes habían experimentado.  Llegaron a sentir miedo y vergüenza.  En Génesis 3:8-10, leemos: “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí”.  Desde ese día, fatiga, sudor, espinos y cardos, dolor, humillación y muerte serían parte de su vida.  El panorama para ellos no era nada alentador.  ¿Y qué decir del golpe que recibieron sus corazones, al saber que Caín mató a su hermano Abel? El muerto es su hijo, pero lo es también el asesino.  Nunca antes la vida había sido tan amarga y dolorosa para ellos, ni para sus descendientes.

Dice Génesis 6:12, “Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.”  ¡El hombre sin Dios no sabe vivir!  Sin Dios se carece de sabiduría, y de bendiciones espirituales necesarios para alcanzar la felicidad.

Si Dios está con nosotros, entonces aprendemos a vivir.  La felicidad no es producto de lo que se tiene, ni de las condiciones en que se sufren. La felicidad es el resultado de saber vivir.  La mayoría de las personas no saben vivir. Pueden tener en abundancia o padecer necesidad, pero si no saben vivir, nunca podrán ser felices.

Mire lo que dice el apóstol Pablo en Filipenses 4:12, Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad”.

Pablo tenía comunión con Dios, y con Dios aprendió a vivir, y las condiciones en las que vivía, no afectaban su felicidad. Por eso necesitamos a Dios para ser felices.

Si Dios está con nosotros, entonces aprendemos a vivir satisfechos.  ¿Cómo es que se puede vivir feliz, sin importar las condiciones de la vida? Dios nos enseña que eso se logra por medio del “contentamiento”.  El contentamiento es estar satisfechos en cualquier estado de vida, en cualquier situación, sea buena o sea crítica.

Pablo dice, “he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.” (Filipenses 4:11).  Pablo ha sido enseñado sobre la postura de Dios con respecto a su situación.  Es así que este contentamiento resulta, precisamente, de la relación que Dios tiene con nosotros.  Cuando tenemos a Dios, en nuestra vida nada ocurre sin su conocimiento.  Él ve y conoce nuestra situación; entonces yo debo mirarla, no desde mi óptica, o desde la óptica del mundo, sino desde SU perspectiva.

Cuando yo veo mi situación, cualquiera que esta sea, desde la perspectiva de Dios, entonces no hay razón para la estrechez, no hay razón para la amargura, para el resentimiento, para la sensación de injusticia, para la queja.  Por el contrario, hay razón para el “contentamiento”, la satisfacción o la felicidad.  Necesitamos a Dios para ser felices.

Si Dios está con nosotros, entonces lo que nos ocurre tiene buenos propósitos. Dios puede sacar provecho de cualquier situación para transformarla en un viaje para su gloria, o incluso, para mi propio beneficio. Esto conlleva una serenidad profunda en toda situación, aún en la más trágica.

“Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.” (Job 1:20-22)

“He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.” (Santiago 5:11)”

Usted puede vivir confiadamente, y así, ser feliz sabiendo que Dios está con usted, y quiere hacer algo con su vida. Quiere usarle para su gloria, quiere usarle para bendecir a otros, quiere usarle para comunicar su amor y voluntad a otros.

NECESITAMOS A DIOS PARA COMENZAR DE NUEVO.

Hay muchos males en el alma que no le dejan vivir feliz. La culpa, el rencor, el odio, el pecado. Y solamente Dios tiene poder sobre todos esos males de alma. Cristo dijo, “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4:18-19).

“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados (Colosenses 2:13).

martes, 10 de marzo de 2015

¿ES POSIBLE LOGRAR LA UNIDAD ENTRE CONGREGACIONES?
  
La "unidad" no es una responsabilidad "intercongregacional", sino una responsabilidad individual en beneficio de la iglesia local (Efesios 4:3-6). Pablo dijo a la iglesia en Corinto, "Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya ENTRE VOSOTROS divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer" (1 Corintios 1:10).  En 11:18, dice: "Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay ENTRE VOSOTROS divisiones; y en parte lo creo". Como vemos, la unidad que se estaba destruyendo, y por la que Pablo estaba abogando, era la unidad de la iglesia local.  No hay un solo texto bíblico en que se indique una exhortación o un llamado para hacer algún movimiento que logre la unidad entre iglesias.

En Efesios 4:11-12, Dios constituyó determinados oficios para la edificación y unidad de la iglesia local.  ¿No es local la obra de los "ancianos"? ¿No es local la membresía que un evangelista tiene? ¿No son autónomas las iglesias locales? Luego, la unidad es una responsabilidad individual en beneficio de la iglesia local.  Dios no espera que haya "unidad" entre las iglesias locales de una ciudad, porque no se puede.  Si toda iglesia local es autónoma, ¿qué puedo hacer yo para lograr la unidad, si las otras iglesias van por otro camino? No puedo hacer nada, y si no puedo hacer nada, entonces no tengo responsabilidad por la unidad entre las iglesias. Donde puedo hacer mucho es en la iglesia local donde soy miembro. Allí está mi responsabilidad.  Muchos cristianos que no entienden esto, viven frustrados al ver que no hay "unidad entre las iglesias”.  Pero, si logran entender que la unidad que Dios espera es la que yo debo guardar donde soy miembro, entonces cesarían muchos males y sentimientos negativos que alberga el corazón de muchos hermanos.

Otros muchos, queriendo la "unidad entre iglesias", hacen reuniones donde asisten "líderes" o “representantes” de las diferentes congregaciones, ¿para qué? Para tomar decisiones a nombre de ellas, como si fuera una sola congregación.  Esto representa una violación a la autonomía de las iglesias locales, y la concepción de un cuerpo extraño que no es una iglesia local, pero que funciona por y para las iglesias locales.  ¡Esto es sectario!  ¿No son autónomas las iglesias locales? Luego, ¿de dónde salieron esos "líderes" para tener juntas y tomar decisiones por y para las iglesias locales? ¿Son apóstoles? ¿Son profetas? Desde luego que no, ¿qué son, entonces? Si son "pastores", ellos no pueden obrar más allá de la iglesia local (cfr. Hechos 20:28; 1 Pedro 5:2). Luego, si son "pastores", ¿quién los puso a celebrar juntas por y para las iglesias? ¿Con qué autoridad están viendo por las iglesias que están a su alrededor? Pedro dijo, "Apacentad la grey de Dios que está ENTRE VOSOTROS". ¿Qué hacen "cuidando de ELLAS"? Pedro dijo, "cuidando DE ELLA".  ¿Son evangelistas? ¿Y quién les dio la autoridad de celebrar juntas por y para las iglesias? El evangelista debe ser miembro en una congregación local, y hacer la obra de la iglesia local, ¿qué está haciendo tomando decisiones por y para las iglesias? Y si no son, ni apóstoles, ni profetas, ni pastores, ni evangelistas, entonces, ¿qué son? ¿Acaso hay otro oficio que el Señor haya constituido?

Pretender la unidad “entre las iglesias” en ocuparse es una tarea que nunca nos fue encomendada, y como nunca nos fue encomendada, no hay acciones reveladas por Dios para lograr dicha meta.  Es así que, los hombres formulan e inventan métodos para lograr tal unidad. En el proceso violentan la autonomía de las iglesias, y al final terminan hasta usurpando la obra que cada una de ellas debe hacer.  Terminan creando una mesa directiva, o una sociedad que, al no ser una iglesia local, es un engendro que no ha brotado de la Biblia, sino de la mente del hombre. Si Dios no mandó, ni diseñó, ni concibió ese ente, ¿cree usted que sus frutos son buenos? Muchos se emocionan por ver las grandes reuniones organizadas por esa entidad no escritural, y creen que Dios les está bendiciendo por ello.  No saben que la prosperidad y las multitudes, no son garantía de aprobación divina (cfr. Ap. 3:17).

Luchemos por la unidad en la iglesia local y por su obra, y dejemos que los hombres sigan su camino, inventando y erigiendo sociedades que Dios nunca les mandó.

Lorenzo Luévano Salas.
www.volviendoalabiblia.com.mx

lunes, 23 de febrero de 2015

LA CUESTIÓN DE LA COPA EN LA CENA DEL SEÑOR.

¿Qué es "la copa" en la cena del Señor? En Mateo 26:27-29, leemos: "Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre".

Nótese la narración con cuidado, con respecto a lo que dice Jesús que es la copa. En el verso 27 dice, "la copa", en seguida dice "ella" (la copa), luego dice "esto" (la copa) y al final "este" (la copa). Todo lo que es "este", es "esto", y es "ella", y es "la copa", luego, "la copa" es el "fruto de la vid". La palabra "copa" no es en referencia a un "recipiente", sino al "fruto de la vid". De allí que todo lo que diga sobre "la copa", no se dice sobre el "recipiente", sino del "fruto de la vid".

Así pues, lo que el texto dice, es esto: "Y tomando (el fruto de la vid), y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed (del fruto de la vid) todos; porque (el fruto de la vid) es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre".

Pero alguien podría decir que, dado que el fruto de la vid requiere un recipiente, entonces la copa debe estar presente y ser parte de aquello que Jesús bendijo. Es decir, que AMBOS son "la copa" ("recipiente y contenido"). No obstante, si esto es verdad, entonces para "beber la copa", necesitamos beber AMBOS, pues de otro modo, ya no bebemos "la copa", sino una parte de ella. Pablo dijo, "bebieres esta copa" (1 Corintios 11:26). No dijo, "bebieres de la copa", sino "esta copa". No obstante, cuando consideramos que la copa, no es el recipiente, sino, como dice Mateo, la copa es el fruto de la vid, entonces "beber esta copa" es beber el fruto de la vid, porque todo lo que se diga con respecto a "la copa", no se dice del recipiente, sino del fruto. No se dice de AMBOS, sino de uno, es decir, del fruto.

Ahora, consideremos algunos silogismos:
1. La copa es la sangre de Cristo (Mateo 26:28).
2. El recipiente no significa la sangre.
3. Por tanto, el recipiente no es la copa.

1. Los discípulos bebieron la copa (1 Corintios 11:26)
2. Lo que bebieron fue el fruto de la vid.
3. Por lo tanto, la copa es el fruto de la vid.

1. Los discípulos bebieron la copa (1 Corintios 11:26)
2. Ellos no bebieron el recipiente
3. Por tanto, el recipiente no es la copa.

1. La copa es el fruto de la vid (Mateo 26:28).
2. El fruto de la vid no es el recipiente.
3. Por lo tanto, el recipiente no es la copa.

Finalmente, hay quienes afirman que la copa representa "el nuevo pacto", pero, ¿dónde dice que "la copa es el nuevo pacto"? En la Biblia leemos que "Esto (el pan) es mi cuerpo”. También: “Esto (el fruto de la vid) es mi sangre”. Pero, ¿dónde dice: “Este recipiente (vaso) es el Nuevo Testamento”? En ninguna parte.

Así pues, hay dos errores básicos con respecto a la copa:

1. Suponer que debemos tomar la cena del Señor en un solo recipiente.
2. Usar la copa como argumento paralelo de los instrumentos musicales. Cuando se nos dice, "si no usan instrumentos, entonces por qué usan copitas". La explicación antes dada, explica por qué, luego, el caso de los instrumentos, está fuera de contexto.