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sábado, 3 de diciembre de 2016

EXHORTADOS A TRABAJAR.

Juan 6:27 - Las figuras de dicción se usan para embellecer el lenguaje, como para enfatizar correctamente determinada idea en un discurso. Existen muchas, pero muchas figuras de dicción que a diario usamos, y muchas otras que nunca hemos usados por ignorarlas. En el texto que nos ocupa, encontramos una de ellas, la cual es conocida como “elipsis”. Según la RAE, “Figura de construcción, que consiste en omitir en la oración una o más palabras, necesarias para la recta construcción gramatical, pero no para que resulte claro el sentido”. Esta figura es común en nuestro lenguaje, como en el lenguaje de los hebreos, siendo parte de los llamados “hebraísmos”, es decir, “modismos hebreos”. Cristo no está diciendo que no debemos trabar por la comida que perece, más bien, está enfatizando que debemos trabajar por ambas cosas. En otras palabras, Cristo nos exhorta a...

TRABAJAD… POR LA COMIDA QUE PERECE.
¿Qué es el trabajo? ¿Qué es la comida? El “trabajo” es la “actividad dirigida a utilizar las cosas naturales o a modificar el ambiente con el fin de satisfacer las necesidades humanas” (Diccionario de Filosofía). Luego, la “comida” representa todo aquello que el hombre necesita para su vida terrenal, para mantener la vida física. ¿Qué es lo que el hombre “necesita” para su vida terrenal? Dos cosas. Sustento y abrigo (1 Timoteo 6:8). Sustento, es decir, “comida” (Gr: diatrophas - sustancia). Abrigo, del griego: “skepasmata”, sustantivo que hace referencia a un “tejado”, a una “cubierta”, y de ahí a un “abrigo” o “ropa”. La traducción Torres Amat dice, “Teniendo, pues, qué comer, y con qué cubrirnos, contentémonos con esto”.

Muchos creen que el trabajo es una maldición que Dios dio al hombre por haber pecado. No es así. El trabajo fue dado al hombre antes de su caída (Génesis 2:15). El trabajo no es una maldición, sino algo bueno que proviene de Dios (Eclesiastés 2:24; Eclesiastés 3:12-13, Eclesiastés 3:22; Eclesiastés 5:18-20; Salmo 128:1-2). El “trabajo”, como dije, es la “actividad dirigida a… satisfacer las necesidades humanas”, luego, el trabajo es una “necesidad”. Adán tuvo que “trabajar” en el paraíso. Pablo dijo a los hermanos en Tesalónica, que habían recibido ejemplo de él, para que trabajasen y ganaran su propio pan (2 Tesalonicenses 3:7-12). El trabajo es necesario para poder hacer buenas obras (Hechos 20:34-35). Cuando usted esté trabajando, enfóquese en el fin de esa faena. ¡Y lo gozará! (Efesios 4:28)

TRABAJAD… TAMBIÉN POR LA QUE A VIDA ETERNA PERMANECE.
Esta es la idea del hebraísmo. Cristo no está diciendo que no debemos trabajar, pues, como hemos leído en la Biblia, el trabajo es un don de Dios, y de hecho, necesario para subsistir y hacer buenas obras. El problema con el trabajo terrenal existe cuando no tenemos a Dios y resulta sin provecho. Es vanidad y aflicción de espíritu (Eclesiastés 1:3; Eclesiastés 1:14; Eclesiastés 2:11, Eclesiastés 2:18-23; Eclesiastés 4:7-8; Eclesiastés 5:15-16).  También cuando ocupamos nuestra vida solamente en el trabajo. Dios mandó a los judíos a dejar de trabajar, por lo menos un día a la semana (Éxodo 20:8-11; Éxodo 34:21). El “descanso”, según Dios, es de más valor que el puro trabajar y trabajar (Eclesiastés 4:6).  El problema del trabajo secular existe cuando dejamos a Dios en segundo lugar (Mateo 6:31-34). La palabra “primeramente”, es traducción del adjetivo griego “protos”, el cual indica lo que es “primero”, dentro de la enumeración de varios (cfr. 1 Corintios 12:28). Cuando no atendemos a esta exhortación, no nos sorprenda sufrir el efecto contrario de aquello que queremos lograr (Hageo 1:4-11).

Cristo quiere que usted trabaje, pero también quiere que trabaje por lo que a vida eterna permanece. El trabajo terrenal tiene un objetivo, “el sustento y el abrigo”. El trabajo espiritual tiene un objetivo espiritual, es decir, “lo que a vida eterna permanece”. Luego, Cristo habla de un “ejercicio” o una “actividad” espiritual. El trabajo espiritual, es “lo mejor” en que podemos estar ocupados (cfr. Lucas 10:38-42).

Para los creyentes:
1. Cristo no prohíbe el trabajo terrenal, pero quiere que hagamos también trabajo espiritual.
2. Cristo no prohíbe el trabajo terrenal, pero no quiere que dejemos el espiritual en segundo lugar.

Para los que no son cristianos:
1. El trabajo terrenal es una necesidad, con todo lo que ello implica, como la educación. Pero sin Dios, es vanidad y aflicción de espíritu. 
2. Venga a las filas del Señor, y sea su obrero, es el oficio mejor pagado, justo y con excelentes beneficios para la eternidad (1 Corintios 15:58).

jueves, 1 de diciembre de 2016

Lo que nos falta en el evangelismo personal.

Existen muchos y variados métodos de evangelismo personal. Algunos de ellos son costosos y otros requieren de mucho esfuerzo y dedicación. No obstante, en la Biblia encontramos acciones que, de ser llevadas a cabo, bien pueden garantizar la obra de evangelismo con resultados muy positivos. Como verán, serán acciones sencillas que, no tienen grandes costos económicos, y que bien pueden llevarse a cabo a cualquier hora del día, y en cualquier lugar.

LA INVITACIÓN Y LA PERSUASIÓN.
Como lo hizo Cornelio, aquel hombre de Cesarea, centurión de la compañía llama la Italiana (Hechos 10:1). Este hombre estaba muy interesado en hacer la obra de Dios, de tal manera que era muy piadoso. Dios se manifestó a él, y le indicó que invitase al apóstol Pedro a su casa, para que de él aprendiera cómo hacer la voluntad de Dios. Una vez que Cornelio llevó a cabo todos los preparativos para que Pedro viniese a su casa a predicar el evangelio, nótese lo que hizo en el verso 24: “Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos”. ¿El resultado? Cornelio, con su familia, recibieron arrepentimiento para vida, pues todos fueron bautizados.

Cornelio tenía en muy alta estima su relación con Dios. Nosotros debemos tener en muy alta estima el evangelio. Cornelio hizo los arreglos necesarios para que la Palabra de Dios estuviese disponible. Nosotros debemos hacer tales arreglos, para que el evangelio esté disponible en nuestros hogares. Cornelio “convocó a parientes y amigos”. No se limitó a contar sobre su interés. No se limitó a pedir la opinión de los demás. Los “convocó”. Tuvo día y hora para que sus “parientes” y “amigos” estuviesen en su casa para escuchar la Palabra de Dios. ¿Puede usted “convocar” a sus “familiares” y “amigos” para los domingos a las 10 de la mañana? ¿Puede usted convocar a sus amigos y familiares, algún otro día, para que escuchen la Palabra de Dios? Esto nos hace falta: Interés, arreglos y convocatoria.  Usted como individuo puede organizar una comida en su casa, invitando a un hermano a presentar el evangelio a los invitados.

Otro ejemplo es Andrés, al llevar a Pedro con Jesús (Juan 1:40-42: “Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas”. Andrés despierta el interés de Pedro: “Hemos hallado al Mesías”. Usted necesita despertar el interés de sus “familiares” y “amigos” por las cosas de Dios. Hay miles y miles de maneras en que usted puede despertar el interés de ellos. Andrés, habiendo despertado su interés, “le trajo a Jesús”. Usted, una vez que ha logrado despertar el interés de sus familiares y amigos por Cristo, debe “traerlos” a que escuchen su palabra. Ellos necesitan ser acompañados, guiados o asesorados para que tengan la confianza de venir y escuchar el evangelio. Quizá muchos de ellos necesitan ayuda para llegar. Tal vez son muy ancianos, o tal vez tienen alguna discapacidad. O tal vez viven lejos y se les dificulta llegar. ¿Puede usted traerlos, guiarlos y asesorarlos? Esto nos falta: Producir interés por Cristo, y “traerlos” literalmente a que escuchen su Palabra.

USAR EL EJEMPLO DE JESÚS PARA PERSUADIR A LAS PERSONAS, A TODAS LAS PERSONAS.
Tenemos el ejemplo de Jesús, cuando habló con la mujer samaritana (Juan 4:6 y siguientes) Jesús inició a dialogar con la mujer, en un momento que no era oportuno. Era la hora sexta, como las seis de la tarde. No era un horario oportuno. Él estaba “cansado del camino”, cualquier pudiera pensar que lo pudo haber hecho luego, que no era el tiempo oportuno. La mujer que se acerca al pozo, según el verso 7, es “samaritana”, ¿y sabe qué? Dice el verso 9, que “judíos y samaritanos no se tratan entre sí”. Cualquiera de nosotros, si fuéramos judíos, ni la hubiésemos saludado, ¿verdad? En nuestro mundo, en el que hay “clases sociales”, existen personas a las que ninguno que se diga ser decente, les dirige la palabra. Uno pudiera pensar que no era la persona adecuada. Y otra cosa más, dice el verso 7, que ella “Vino… a sacar agua”.  Era tarde, ella necesita llevar esta agua a casa para seguir con sus faenas. Definitivamente, acerquémonos a Jesús y disimuladamente digámosle, Señor, creo que no es oportuno, ni la hora correcta, ni la persona adecuada para que le compartas de tu palabra. ¿No suena insensata tal declaración? 

Esto nos falta: Compartir el evangelio a “toda hora”, nunca es muy temprano, ni muy tarde para hablar de Cristo e invitar a las personas a escuchar su palabra. Compartir el evangelio en “todo momento”, aún en nuestra hora de descanso, o mientras estamos en el hospital siendo atendidos, o mientras pedimos agua para beber. Compartir el evangelio a toda persona, aun a los que son de poca estima, o despreciados por la sociedad. Compartir el evangelio sin importar las circunstancias, aún mientras trabajamos, o estudiamos, o nos divertimos, o comemos, o en pocas palabras, aun cuando nosotros o las personas estemos ocupados.

¿Qué les diremos? ¡La verdad! Jesús convenció a la mujer samaritana sobre su necesidad de Dios. Esto nos falta – Convencer, con las Escrituras, que nuestro familiar, o nuestro amigo, tienen necesidad de Dios. Convencer que es cuestión de vida o muerte.

¿Qué nos está faltando en el evangelismo personal? Convocar, invitar y traer a las personas para que escuchen de Dios. Compartir la Palabra de Dios a toda hora, en todo momento, en todo lugar, y con toda persona: Comencemos con nuestros familiares y amigos. Comencemos ahora mismo.