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lunes, 28 de noviembre de 2016

Y conoceréis la verdad (3).

Cuando leemos las palabras del Señor en Juan 8:32, debemos buscar respuestas preguntas, ¿cómo conocer la verdad? ¿Cómo gozar de sus efectos sobre nuestras vidas? ¿Qué beneficios hay en conocerla? Y desde luego, siempre estaremos haciendo un llamamiento a que, usted, estimado hermano y amigo, no solamente la conozca, sino que rija el curso de su vida conforme a lo que ella enseña.

¿QUÉ ES LA VERDAD?
Existen al menos tres definiciones sobre lo que es la verdad. Desde el punto de vista de la lógica, la verdad es “la adecuación de la mente con la realidad”. Cuando la mente ejerce un juicio sobre algo, tal razonamiento, o es falso, o es verdadero. Se dice que es “verdadero” cuando es conforme a la realidad, y falso cuando es contrario a ella. En Ezequiel 13:9-10, leemos, “Estará mi mano contra los profetas que ven vanidad y adivinan mentira; no estarán en la congregación de mi pueblo, ni serán inscritos en el libro de la casa de Israel, ni a la tierra de Israel volverán; y sabréis que yo soy Jehová el Señor. Sí, por cuanto engañaron a mi pueblo, diciendo: Paz, no habiendo paz; y uno edificaba la pared, y he aquí que los otros la recubrían con lodo suelto”. Lo que ellos decían ver era falso, no era la verdad, pues sus visiones y mensajes eran contrarios a la realidad. Lo que había en su mente era falso, no existía, ni existiría nunca, no era real, no era la verdad.

Desde el punto vista “moral”, se dice que la verdad es “la adecuación de las palabras con el pensamiento”. Hay ocasiones en que las palabras no se conforman a nuestra verdadera manera de pensar. A esto llamamos “mentira”, la cual, es contraria a la verdad. En Jeremías 23:32, leemos, “He aquí, dice Jehová, yo estoy contra los que profetizan sueños mentirosos, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus mentiras y con sus lisonjas, y yo no los envié ni les mandé; y ningún provecho hicieron a este pueblo, dice Jehová”. Ellos sabían muy bien que Dios no les había hablado en sueños, ni mucho menos que les había dado un mensaje de paz. Sus palabras no se conformaban a sus pensamientos.

Desde el punto de vista “ontológico”, la verdad es “la adecuación de la cosa o entidad con la mente divina”. En otras palabras, hablamos de “verdad ontológica”, cuando nos referimos a la conformidad de una cosa con la idea original que se tuvo o se tiene de ella. Cuando decimos, “esto es oro”, o “estas flores son verdaderas”, o “este es un verdadero caballero”, es porque tales cosas cumplen todos los elementos para ser lo que son, “oro”, “flores verdaderas” y “un verdadero caballero”. Cuando buscamos la verdad ontológica de algo o alguien, buscamos todos los elementos que lo hacen auténtico, o genuino; que no es falso, que no es adulterado, que no es imitación, que no es apariencia; que no lo decimos en sentido metafórico, sino real; que corresponde a la idea que de tal cosa tenemos; que cumple con la esencia de la cosa. En un sentido ontológico decimos que Cristo es Dios, porque tiene todos los elementos esenciales que le hacen ser Dios. Es así que, ontológicamente, si yo digo que soy Dios, sencillamente es falso, porque no poseo los atributos que la deidad tiene.

Entonces, ¿Qué es la verdad a la que hace referencia Jesús? Jesús hace referencia a la Palabra de Dios. La palabra de Dios se ajusta con la realidad. Lo que la Biblia dice es real, no es mito. Por ejemplo, no fue sino hasta el año 1940, que se declaró el peso del aire; sin embargo, cientos de años antes en el libro de Job se declaró, "Al dar peso al viento". La ciencia ha descubierto que la declaración de Job, es científicamente correcta. Es una declaración real, y así, verdadera.  Por su parte, lo que Dios dice en su palabra, se ajusta a sus pensamientos, Dios no miente. Pablo escribió, diciendo, “en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos” (Tito 1:2). Y también, “De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando fueres juzgado” (Romanos 3:4).  Desde el punto de vista ontológico, la Palabra de Dios es verdad. Jesús dijo, “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Cuando Jesús dice, “conoceréis la verdad”, nos está hablando de la misma Palabra de Dios.

EL EFECTO MISMO DE PERMANECER EN SU PALABRA.
Jesús dijo, “Si vosotros permaneciereis en mi palabra… conoceréis la verdad” (Juan 8:31-32). No hay otra fuente para conocer la verdad, sobre todo, la verdad que afecta en sumo grado nuestra vida física y espiritual.

¿De qué ha servido permanecer en otras “fuentes de verdad”? Las religiones que adoran o veneran al mundo vegetal, no están en la verdad; pues, plantas y árboles no son dioses, sino que fueron creados por Dios: “Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.” (Génesis 1:11).  Las religiones que veneran o adoran, y que determinan su vida por la guía del sol, la luna o las estrellas, no están en la verdad, pues todo ello no son dioses, sino que fueron creados por Dios: “E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas.” (Génesis 1:16). Las religiones que adoran al mar, a los peces o a las aves, no están en la verdad, pues tales cosas no son dios, sino que fueron creados por Dios: “Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno.” (Génesis 1:20, 21).  ¿Qué decir de las religiones que adoran a ciertos animales, tales como vacas, monos, serpientes o elefantes? Que no están en la verdad, pues nada de ello posee deidad, sino que todo fue creado por Dios: “Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.” (Génesis 1:24, 25).  ¿Qué de las religiones que adoran al hombre mismo? Que no andan en la verdad, pues el hombre no es dios, sino que también fue creación de Dios: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre” (1:26). ¿Es la mujer Dios? No, pues también fue creada por Dios (1 Corintios 11:8; Génesis 2:22).

SIN SU PALABRA ES IMPOSIBLE CONOCER LA VERDAD.
Uno no puede conocer aquello que ya conoce. Pero si hemos de conocer la verdad, entonces es del todo cierto que no la conocemos. La idolatría es evidencia de no conocer la verdad. Pablo dijo a los hombres sabios de Atenas, “porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio.” (Hechos 17:23).  Nuestra indiferencia hacia las cosas de Dios, indica que no conocemos la verdad. Jesús dijo a la mujer Samaritana, “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva” (Juan 4:10). Cuando rechazamos a Jesucristo, estamos dando evidencia de que no conocemos la verdad. Fue por esa razón que Jesús fue condenado a muerte, “Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle” (Hechos 13:27). La perversión, el crimen, la violencia, el robo, los secuestros, las injusticias, el adulterio, las violaciones, los asesinatos y toda clase de vicios pecaminosos, son la más grande evidencia de que los hombres no conocen la verdad. En Efesios 4:17-18, Pablo afirma que hay personas que sufren tres cosas terribles: (1) “andan en la vanidad de su mente”. (2) Tienen “el entendimiento entenebrecido”. (3) Están “ajenos de la vida de Dios”. Pero, ¿por qué? Por dos cosas, “por la ignorancia que en ellos hay”. ¡Ellos no conocen la verdad! No conocen la Palabra de Dios. Esta ignorancia está provocando que el hombre se destruya a sí mismo. Esta ignorancia está provocando mucha amargura y desgracia en el mundo. En segundo lugar, “por la dureza de su corazón”.  Cuando saben de la verdad, cuando saben de la voluntad de Dios, ¿qué hacen? ¿Qué hace usted ante la verdad? ¿La obedece? 

La palabra de Dios dice que, “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Usted ha pecado. Usted está destituido de la gloria de Dios. Eso es verdad. También dice que “la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Esto también es verdad. El pecado le ha matado espiritualmente. Le ha dejado sin esperanza para ir a la gloria. Pero, lo que Dios ofrece, lo que Dios da, es “vida eterna en Cristo Jesús”. Esto también es verdad. No obstante, falta que usted acepte este regalo de Dios, obedeciendo sus mandamientos.  ¿Desea conocer el evangelio del Señor, y obedecerlo para la salvación de su alma?

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